viernes, 18 de febrero de 2011

“LINGOA DO MEU POBO”

Cuando de pequeña iba a casa de mis abuelos al salir del colegio, me recibían mis tías con variadas órdenes y prohibiciones: “lávate las manos, antes de sentarte a la mesa”, “ponte el mandilón”, “no hables comiendo”… Y a mis abuelos, que hablaban mucho, les caía también otra expeditiva recomendación, cuando yo llegaba: “delante de la niña no habléis así”, la frasecita da pie a pensar que ellos hablaban de temas poco adecuados para los niños, pero no, no se trataba de eso, simplemente mis abuelos hablaban gallego, y eran bilingües, pero yo, desde entonces, “padezco” diglosia, -que no es que tenga la lengua bífida, sino que entiendo el gallego y lo leo, pero ni lo hablo ni lo escribo-, la diglosia me la diagnosticó hace años el catedrático Xesús Alonso Montero y pude conocer las vicisitudes por las que ha pasado la lengua gallega al leer su libro “Informe dramático sobre la lengua gallega”.
Aprendí en él que al gallego se lo consideraba como el idioma de la pobreza y, quien ansiaba ascender en la escala social, debía hablar castellano; ya en una viñeta de Castelao aparecía un niño, el cual, subido en una silla, le preguntaba a un viejo campesino: “-Señor Manuel, y usted ¿por qué no habla castellano? -¡Ay!, meniño, o castelán é a lingoa d’os recibos d’a contribución”. El rechazo a la lengua vernácula por parte de la burguesía, e incluso por parte del pueblo,  fue la causa de que dos generaciones, desde principios del siglo XX más o menos, dejaran de hablar gallego por considerarlo como una lengua inferior. Y no hay lenguas inferiores: incluso el dálmata, la única lengua muerta entre las románicas, cuyo último hablante falleció en los años 50 del XX, poseía la misma categoría de lengua que el castellano, pero con menor número de hablantes.
La lengua literaria -perdida desde la Edad Media- se recuperó hacia 1850 a partir de las ideas románticas que extienden por toda Europa el ansia de indagar en los orígenes de los pueblos, bucear en su folclore y estudiar tanto la historia como las lenguas minoritarias. En Galicia se reflejó en el llamado “Rexurdimento” (Resurgimiento), cuya primera muestra sería “Cantares gallegos” de Rosalía de Castro, realmente el primer libro impreso en gallego. Y más tarde, a principios del XX, comienzan a surgir voces nuevas que reivindican el gallego: la revista “Nos” (Nosotros) aparece en 1920 y se publican 144 números hasta 1935. Fueron sus creadores varios galleguistas, entre otros, Vicente Risco y Castelao; estos intelectuales recrean la lengua, que servirá desde entonces como vehículo tanto de la narrativa como de tratados técnicos o de la lírica. La difusión de “Nos” fue extraordinaria en España y en el extranjero. A este respecto hay que destacar cómo un poeta andaluz colaboró en la difusión del gallego literario, fue Federico García Lorca con los “Seis poemas gallegos”, publicados en Santiago por la editorial “Nos”.
Por otra parte, en pleno franquismo, hacia los años 40, grupos de profesores y estudiantes de izquierdas de la Universidad de Santiago decidieron utilizar el gallego coloquial. (Se da la paradoja que mi padre, castellano, profesor en dicha Universidad, llegó a hablar gallego y mi madre, educada como yo en la lengua de “los señoritos”, no lo hablaba). Se trataba de un hecho más o menos aislado, pero importante para el futuro, pues la juventud de los 60 y 70 de ideas marxistas hablarían gallego; un poema de Celso Emilio Ferreiro les serviría como grito popular de afirmación de la legua vernácula:

Deitado frente a o mar” 

Lingoa proletaria do meu pobo,
eu fáloa porque sí, porque me gosta,
porque me peta e quero e dame a gaña; […]
falar a fala nai,
a fala dos abós que temos mortos,
e ser, co rostro erguido,
mariñeiros, labregos do lingoaxe,
remo i arado, proa e rella sempre.

Acostado frente al mar” 

Lengua proletaria de mi pueblo,
yo la hablo porque sí, porque me gusta,
porque se me antoja y quiero y me da la gana; […]
hablar la lengua madre,
la lengua de los abuelos que tenemos muertos,
y ser, con el rostro erguido,
marineros, labradores del lenguaje
remo y arado, proa y reja siempre.




martes, 8 de febrero de 2011

LAS BRUJAS

Todos acuden a la bruja y nadie tiene vergüenza de ella. Se le habla sin rodeos, con la más ruda franqueza, y se le pide la vida, la muerte, medicinas, venenos. Ahora es una joven, que hecha un mar de lágrimas, solicita un abortivo...ahora, en fin, la triste madre agobiada cada año de hijos que sólo nacen para morir. (Jules Michelet: "La Bruja", 1862).
En la Edad Media, las brujas, nombre cargado de connotaciones negativas, eran llamadas por el pueblo "mujeres sabias" porque poseían el conocimiento de la anatomía humana, así como los poderes curativos de las plantas, las causas de numerosas enfermedades y el mecanismo del parto. En algunos países de Europa se las llamó "consoladoras", en Inglaterra “healers” (sanadoras) y en Méjico "aliviadoras". Estas mujeres eran las únicas personas de que disponían las gentes para ser aliviadas y curadas ya que no había  médicos, ni de hospitales en los pueblos y ciudades; los médicos sólo ejercían su oficio en los castillos de nobles y reyes. De manera que eran las mujeres las encargadas de aliviar dolores, de actuar sobre las enfermedades, de evitar abortos espontáneos o de provocarlos, y de dulcificar las molestias del embarazo y los dolores del parto.
Las mujeres sabias utilizaban las plantas y las drogas siguiendo la antigua tradición grecolatina de la medicina “homeopática”, que consiste en que lo mismo que produce la enfermedad puede curar, así como también el veneno que mata, sana el cuerpo, en ciertas dosis mínimas. La Iglesia afirmaba que los medios espirituales -los sacramentos, el agua bendita y las oraciones- podían actuar hasta en los cuerpos; por lo que tildaba a la forma de curar de las sanadoras de "medicina al revés" ya que procedía de Satanás; y, por tanto, el poder de las mujeres no tenía que ver con el conocimiento de la naturaleza que ellas se transmitían de generación en generación, sino con pactos execrables con el demonio en ceremonias secretas o aquelarres.  Efectivamente, las mujeres se reunían al amanecer o al anochecer para recolectar las plantas en el momento óptimo. 
Disponían de tranquilizantes, analgésicos o digestivos. Para los dolores de parto utilizaban el "cornezuelo" (ergotina) -alivio prohibido por la Iglesia hasta épocas recientísimas: a finales de los 60 se produjo en nuestro país la polémica sobre el parto con o sin dolor-. La "belladona" -llamada así por su uso cosmético, ya que dilata las pupilas y abrillanta los ojos- tiene componentes calmantes y narcóticos, como la “atropina” y la "digitalina" que es un fármaco importante todavía hoy en las enfermedades cardíacas; (personalmente, estoy familiarizada desde la infancia con esta droga, porque mi madre, cuando me quejaba de que me dolía la barriga, siempre contestaba: “te voy a dar unas gotitas de belladona”, comprada en la farmacia, claro). La "mandrágora" posee propiedades parecidas a la anterior; ya aparece citada en la Biblia, en la historia de Raquel, y en “El cantar de los cantares”. El "saúco" se utilizaba para varias afecciones, como las oculares, renales o de la piel. Con la "ruda" y el "beleño" forman el grupo de las más importantes plantas que empleaban las brujas. Capítulo aparte  sería el famoso "ungüento de las brujas", con el que “hacían viajar” a la gente y, aplicándoselo a sí mismas, conseguían “volar”; se trata de lo que hoy en la jerga juvenil se denomina “colocarse”.
Las mujeres sabias, la mayoría campesinas, fueron acusadas de estar organizadas, lo que se percibía como un peligro, y como aliadas de Satanás,  cometían crímenes sexuales contra de los hombres. La terrible represión de las sanadoras fue una lucha política de la medicina institucional contra las mujeres y la cultura popular, que se inscribe en lo que algunos antropólogos definen como “el miedo a la mujer”, generadora de vida y, por ello, más cerca que el hombre de la naturaleza, conocedora de sus secretos, lo que le proporciona un poder sobre la vida, la sexualidad y la muerte. Poder que los hombres han intentado frenar en las sociedades patriarcales. Por otra parte, el miedo a la mujer no es una invención de los ascetas cristianos, sino que viene de antiguo, pero el cristianismo lo asimila. Por todo ello se desató la caza de brujas por toda Europa, desde el siglo XIV al XVII.  También perecieron en la persecución muchos hombres, pero las cifras que nos proporcionan los documentos históricos hablan de que un 80% de los procesados por la Inquisición eran mujeres y un 85% de todos los condenados a muerte (la mayoría en la hoguera) eran mujeres: viejas, jóvenes y niñas.
Y las valientes mujeres que, a pesar de la represión y la muerte, siguieron transmitiendo los saberes ancestrales de la naturaleza, pertenecen a la estirpe de aquella primera mujer rebelde que no fue Eva -sacada de la costilla de Adán- sino la creada a la par que el varón, como su igual, de nombre Lilith.
Nota.-Parece que lo que ahora se entiende por homeopatía no tiene mucho que ver con la que practicaban las brujas, si no, se hubieran muerto quienes el día 5 de febrero se tragaron montones de pastillas homeopáticas y se quedaron tan frescos.

jueves, 13 de enero de 2011

EL TORNO

Paolo y Francesca (Gustavo Doré)
Aprendí a andar en una farmacia y a escribir en la rebotica, así que mi letra era igual a la de mi paciente maestra, la farmacéutica. A los 6 o 7 años me convertí en la recadera: iba al almacén a recoger medicinas y a las casas de algunos  ancianos a llevarlas; lo que más me gustaba era ir a un convento de monjas de clausura, llamar, responder al  pío saludo, “Ave María purísima”, con la frase: “sin pecado concebida” y colocar las medicinas en el torno, que me parecía un aparato mágico y a la vez agobiante.
Hoy los jóvenes no conocen este instrumento, pero está a punto de ponerse de moda, ya que en Las Baleares un dueño de bar piensa reformar la parte del establecimiento destinada hasta ahora a los fumadores  en un recinto cerrado, con puerta propia desde la calle y sin acceso a los camareros, que recibirán las peticiones y servirán a los clientes a través de un torno, al que el periodista que dio la noticia por la radio no le dio nombre, sino que explicó en que consistía el artilugio. ¡Qué desconocimiento tan grande de la religión verdadera!
Pero no es de extrañar, si leemos hoy también que ni los Papas de Roma se ponen de acuerdo en definir el cielo, el purgatorio y el infierno -el limbo ya  lo habían mandado al mismo-. Para Juan Pablo II, en 1999,  el cielo y el infierno eran estados de ánimo (?) y no lugares físicos. Y ayer, en la audiencia de los miércoles, Benedicto XVI proclamó que “el infierno existe y es eterno”, el purgatorio, “un fuego interior” y el cielo creo que se queda como estaba, quizá como el lugar creado por el Dante, presidido por L'amor che move il sole e l'altre stelle, (último verso del Paraíso).
¿Por qué no nos dejan con nuestros catecismos de siempre, el del Padre Astete o el de Ripalda, un señor tan venerable, confesor de santa Teresa? ¡Por favor! que no nos inquieten con tanto cambio.

viernes, 7 de enero de 2011

SULAYR



Vista desde la ciudad de Granada, Sierra Nevada resulta sorprendente, más aún cuando, después de las primeras grandes nevadas del invierno y oculta por las nubes durante algunos días, una mañana de sol, aparece con todo su esplendor blanco y reluciente. Alguien que ha visto el Mont Blanc, desde Ginebra, me dijo que es más impresionante esta sierra, porque desde la llanura de la vega de Granada, se levanta como una inmensa pared. Aunque se pase una contemplando la Sierra Nevada durante cincuenta años, siempre la encontrará nueva y admirable.

Los musulmanes la llamaban Yabal al-Taly, (“Monte de nieve”) y también la nombraban como Yabal Sulayr (“Montaña del Sol”, que es a su vez una derivación del latín: “Mons Solaris”), según un poeta del siglo X: “el sol brilla hasta deslumbrar la vista, reflejado en las perpetuas nieves”.

Con el frío y ante tal panorama, he recordado un poema humorístico titulado “Sulayr”, de un poeta árabe del siglo XII:

SULAYR (SIERRA NEVADA)

En vuestra tierra bien se puede
dejar la oración y beber vino
-aunque esté prohibido-
e ir así al fuego del infierno,
más suave y amable que Sierra Nevada.
Cuando en ella sopla el viento del norte
¡feliz quien al fuego pudiera acogerse!
Digo -y no me arrepiento de decirlo-
lo que ya antes dijo otro poeta:

“Si tengo que ir al infierno
un día como éste sería el apropiado”.

(Traducción de Francisco Ruiz Girela)

Si este poeta fuera actual caería sobre él la fetua de pena de muerte por impío.

lunes, 20 de diciembre de 2010

YO ME ALQUILO POR HORAS

El Sky Line de 1996
En Nueva York, ya se sabe, está el mundo; o Nueva York es el mundo, donde lo más inverosímil puede suceder: una de las situaciones que más impresionaba de la ciudad, cuando fui en 1996, era el peregrinaje continuo de los sin techo por las espectaculares avenidas, escaparate de la riqueza y el lujo extremos. Mi amable anfitriona María González Talón me contó que en aquellos días a algún iluminado se le había ocurrido la feliz idea de diseñar unos carritos más cómodos que los habituales de los supermercados, para el uso de los “homeless” y de las “bag ladies”.
Estar alojada en casa de María fue una suerte. La ciudad se mostró entonces menos huraña y disfruté desde los primeros días del calor de sus amigos. El trabajo de uno de ellos, Paco Cao, era apasionante. Montaba performances en la calle, y un día se le ocurrió publicar un anuncio en un diario local que rezaba: “Me alquilo por horas” y lo contrató un equipo de sociólogos para que se fingiera ciego, se montara en el metro y, pasándose parte del día de acá para allá, observara las reacciones de la gente que se topaba con él en el “Subway”.
Cierto día recibió un encargo realmente dramático: el padre de un muchacho que acababa de morir en Manhattan, le pidió que fuese a la morgue y velara el cadáver del hijo. Y una iglesia católica de Brooklyn lo contrató para que hiciese de Jesucristo crucificado; y Cao, partidario de lo fuerte y de lo “gore”, accedió y allí se colgó en la cruz, con todos los instrumentos de la tortura, chorreando un sucedáneo de sangre bastante creíble.
Hasta que una cadena de televisión se interesó por su trabajo y le propuso grabar uno de sus espectáculos, así que María le sugirió la idea:  ella fingiría que era una mujer divorciada que lo alquilaba para desquitarse de “la mala voluntad de los hombres” -como decía mi tía Carmen, cuando le preguntaban por qué se había quedado soltera, siendo tan guapa- y además, porque echaba de menos las peleas con su exmarido. Así que decidieron que la supuesta divorciada insultaría a Cao en plena calle.   Tuve la oportunidad de ver la escenita en la tele y era bastante impactante, aunque la ristra de insultos no acabó, como proponía Cao, a paraguazos sobre la cabeza del “alquilado”, porque María se negó a golpearlo.
Años después María me informó en Granada de que la idea de alquilarse por horas se le ocurrió a Paco escuchando un vinilo de Aguaviva que ella le había prestado. El disco contenía una versión de este poema de Gabriel Celaya:

AVISO
LA ciudad es de goma lisa y negra,
pero con boquetes de olor a vaquería,
y almacenes de grano, y a madera mojada,
y a guarnicionería, y a achicoria, y a esparto.

Hay chirridos que muerden, hay ruidos inhumanos,
hay bruscos bocinazos que deshinchan
mi absurdo corazón hipertrofiado.

Yo me alquilo por horas: -río y lloro con todos-,
pero escribiría un poema perfecto
si no fuera indecente hacerlo en estos tiempos.

jueves, 25 de noviembre de 2010

LAS MUJERES Y EL PAPA

Familia numerosa
El novelista alemán Heinrich Boll, en “Opiniones de un payaso”,  expresa su creencia de que sólo había tres católicos buenos: Juan XXIII, Alec Guinness y Marie, la amada del protagonista de la novela. Desde que leí la novela de este católico crítico, he tratado de añadir algunos nombres a su reducida lista y me salen muy pocos, la verdad: mi madre, por ejemplo, nacida en la primera década del siglo XX, era una católica buena, practicante sí, pero no papista, no le interesaban mucho las directrices vaticanas, especialmente las dirigidas a las mujeres, ya que sostenía que las opiniones del Papa sobre la concepción eran irrelevantes y siempre recomendó a sus hijas el uso de los nuevos métodos anticonceptivos. “El Papa”, nos decía a mis hermanas y a mí, “no tiene por qué meterse en la vida de las mujeres”. En la misma dirección actuaron muchas mujeres que vivieron el nacional-catolicismo franquista, y se las ingeniaron para controlar la maternidad, con lo cual, a pesar de la propaganda -premios a la natalidad y ventajas económicas que proporcionaba la familia numerosa-, no creció la población como se esperaba, cuestión científicamente probada por los índices demográficos de la época.
El protagonista de la novela citada explica que Marie utiliza el eufemismo hacer la cosa para nombrar la relación sexual: “Bañarse”, afirma, “es casi tan bueno como dormir, y dormir es casi tan bueno como hacer la cosa.” Pues bien, el Papa y la jerarquía católica siempre están a vueltas con la cosa: el miedo a las mujeres y el deseo de estos solterones los desazona de tal manera que pierden la razón hasta el punto de expresar disparates como el de Ratzinger sobre las ordenaciones de mujeres sacerdotes. Sin pudor alguno este anciano se ha atrevido a decir: “No es que la Iglesia no quiera, es que no puede". Inciso: no entiendo por qué las mujeres quieren ser sacerdotes y por qué no se desapuntan todas de esa Iglesia. Y aún algunos tertulianos insisten en que este señor es un pensador insigne.
A este respecto, estoy con mi admirada Patricia Highsmith, y hago mías   las palabras de la protagonista de “El diario de Edith”, cuando, cansada de hacer las labores propias de su sexo y de limpiar orinales de un anciano al que cuida, piensa: “Me gustaría ver al Papa limpiando un orinal o incluso dando a luz por octava vez, quizá con una presentación de nalgas. ¡Embarazo eterno para el Papa, eternos dolores de parto! Después de todo, eso era lo que él deseaba a muchísimas mujeres”.


viernes, 5 de noviembre de 2010

JUGANDO CON LAS MUÑECAS

Caridad, Granada
En Radio Granada, cadena SER, comentan al mediodía las noticias provinciales, una de ellas se refiere a no sé qué cofradía; la locutora opina que es demasiado pronto para hablar de la Semana Santa, “si aún no nos hemos comido los mantecados”, se ríen todos por la metonimia, porque el programa intenta ser “lúdico” y el locutor J. A. Rejón le contesta que las cofradías generan noticias todo el año, si no que vean los oyentes la página WEB donde están colgadas todas la vírgenes vestidas de luto por el mes de los difuntos: -“Sí, les han cambiado a todas los trajes”.
A esta oyente le da mucha pena que los hombres –el número de mujeres en las cofradías es mínimo- que trabajan en toda la parafernalia de la Semana Santa, no hayan jugado con muñecas en su infancia, quizá, ni siquiera con los madelman ni los cliks y tengan que dedicar su vida adulta a jugar con muñecas de su estatura. Aquí si vendría bien el adjetivo ‘lúdico’ (del latín ‘ludens’, juego). ¡Tan entretenidos y tan patéticos!

martes, 2 de noviembre de 2010

“EL DOLORIDO ACENTO” León Felipe Camino Galicia(1884-1968)



el poeta que escribe estos versos
también es viejo y feo ...
Y también llora.
Este poeta viejo y feo, sentado en el bosque de Chapultepec de la ciudad de Méjico, este poeta farmacéutico por voluntad paterna, por la suya aventurero siempre, romero incansable por todos los caminos, este poeta que no pudo volver a la patria y se quedó para siempre al borde misterioso del mar occidental, este poeta es uno de tantos a los cuales las circunstancias históricas les obligaron a cantar con dolor, con ira o rabia, a veces,  con ansias de justicia o contra el tirano. Por lo que la voz de León Felipe, por momentos límpida, se transforma en grito.
Para los que en esta orilla, queríamos hablar y tenía que ser en voz baja y oír la radio o cantar, pero con ventanas y postigos cerrados, el poeta exiliado, a pesar de su voz ronca y a veces poco lírica, fue, junto a los otros  poetas exiliados o muertos -A. Machado, Lorca-, un aire nuevo que nos trajo voz y palabras para seguir cantando contra la dictadura. Y León Felipe lo expresó así:
Sin el poeta no podrá existir España. Que lo oigan las harcas victoriosas, que lo oiga Franco:


Tuya es la hacienda,
la casa,
el caballo
 y la pistola.
Mía es la voz antigua de la tierra.
Tú te quedas con todo
y me dejas desnudo y errante por el mundo…
mas yo te dejo mudo… ¡Mudo!…
¿Y cómo vas a recoger el trigo
y a alimentar el fuego
si yo me llevo la canción?
Poema que aparece en su obra completa que, clandestinamente, entró en España en 1963, publicada en Argentina por la editorial Losada. Años más tarde, en ediciones españolas, se cambió el apóstrofe “Franco” por “Hermano”, cuando, ya en tiempos de “la apertura”, pudimos escuchar sus poemas en las voces del grupo “Aguaviva”, Paco Ibáñez, Joan Manuel Serrat y el propio poeta. Gastamos aquellos vinilos con mil ralladuras, aprendiendo la canción vagabunda que él se había llevado y la dábamos a conocer a los más jóvenes.
Es más apacible, ya se sabe, leer a los garcilasos, santaineses o sanjuanes, que hicieron posible que esta lengua nuestra fuera agua purísima donde diluir cualquier pensamiento y convertirlo en poesía; pero el  dolorido acento castellano de derrota, que luego he visto era más universal que castellano, del poeta leonés, fue el que nos hacía falta a los españoles que entonces clamábamos por la libertad.
León Felipe en un largo poema nostálgico, exclama:
¡Qué lástima
que yo no tenga una casa!
Una casa solariega y blasonada,
una casa
en que guardara,
a más de otras cosas raras,
un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada
y el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla.
Yo guardo de mi abuela, Emilia del Rey Camino, algún retrato, una colcha de remiendos (que ahora se llamaría de “patchwork”), un colchón de lana de ovejas merinas y el recuerdo de una historia que me contó cuando yo era muy pequeña y recorría con ella las capillas de la iglesia de su pueblo: -“Mira, esta virgen la mandó un primo mío poeta, que vive en Méjico y la trajo su sobrino, que es torero y se llama Carlos Arruza”. El pueblo de los padres de León Felipe y de mi abuela es Herrín de Campos (Valladolid). Ya de mayor, cuando leí sus poemas, decidí buscar su dirección y escribirle y fue en esos días cuando se publicó en los periódicos la noticia de su muerte en septiembre de 1968.

sábado, 30 de octubre de 2010

LABORINTO

Mujeres hablando
En una época en la que ciertos políticos y, también, algunos escritores usan la lengua para el insulto, la descalificación y la grosería, consuela echar un vistazo a la lengua del pueblo y descubrir en ella la imaginación con que la gente crea expresiones y palabras que la enriquecen, la amplían y la mantienen viva. Uno de los rasgos más admirables de la lengua coloquial es lo que se ha dado en llamar “etimología popular”, que se produce cuando los hablantes asocian palabras, algo extrañas para ellos, a otras más comunes. He recogido algunas curiosas:
  • En Hispanoamérica la gente sabe inglés, sobre todo, porque allí no se doblan las películas y así del nombre del robot “R2D” de “La guerra de las Galaxias”, surge el castellanizado “Arturito”, muy lógico si se oye la pronunciación en inglés.
  • Los hablantes del Campo de Gibraltar a lo que en lengua coloquial es un “patatús”, ellos suele decir: “L’ha dao un jaratrás” (pronunciado en andaluz: “h” aspirada y pérdida de la “s”), que viene del inglés “heart attack” (ataque de corazón).
  • En los bares de la zona, para pedir una taza de té dicen: “¿Me pone un capotín?”, procedente de “cup tea”.
  • He oído a una señora decir que su casa por la mañana parece un “laborinto”.
  • Otra ama de casa, a la que adaptarse a la moda nórdica resultaba enojosa, en vez de “edredón” decía “enredón”.
  • Un padre perteneciente al Consejo escolar de un Instituto, en una de las reuniones del mismo, rogaba: “Por favor, no tragiversen mis palabras” y otro creaba “taquiversen”.


domingo, 24 de octubre de 2010

OBJETOR DE VIOLENCIA

Daba yo clase a un grupo de chicas y chicos de 3º de Bachillerato, en lo que se llamaba entonces el B.U.P., cuando un muchacho me dice a la salida de clase: -“Mi madre le envía recuerdos porque usted le dio clase en el Instituto”. ¡Horror, se me vino encima la bóveda celeste del tiempo que me ponía delante, sin advertencia, un “alumno-nieto”!
El chico comenzó la carrera de Clásicas, venía a casa a contarme lo que estudiaba a pedirme libros y a charlar de todo, porque era lo que en Granada se llama “un collejo”, palabra cargada de connotaciones, que yo utilizo en el sentido de que él hablaba con un vocabulario que no correspondía  a su temprana edad, y que había aprendido de la relación intensa con sus abuelos. Un día llegó muy preocupado diciendo que estaba leyendo “La Ilíada” y que no podía soportar tanta violencia y brutalidad, así que iba a dejar la carrera y a matricularse en Filología Románica, que cursó completa sin darle mayor importancia a los excesos del Cid o de los conquistadores de América. Con la madurez de los años y el estudio, decidió terminar Clásicas. Le perdí la pista durante un tiempo y hoy a través del facebook, me hace llegar el siguiente mensaje:

Como suele decirse, el destino es irónico, y en el pecado lleva uno a veces la penitencia. Así que por fin me reconcilié con los viejos griegos, con sus guerras, sus esclavos y sus mujeres marginadas y me he venido a tierras valencianas a hacer apostolado de su mensaje. A fin de cuentas, no podemos juzgar a los antiguos con los esquemas cognitivos actuales (si hubiéramos nacido en aquella época hubiéramos hecho lo mismo) y, si hay algo bueno que nos legaron, fue el constante espíritu de búsqueda e inconformismo (como en la Ítaca de Kavafis, ¿recuerdas?) que tanta falta le hace a la juventud de hoy día.
En mi quehacer diario como docente llevo constantemente en mis pensamientos a tantos buenos profesores y lo que de ellos aprendí en el Instituto  y procuro emularlos, no sin, a veces, cierto desatino (cuando los chavales me inflan las narices, le pego unos golpes a la pizarra y cuatro voces a ellos que tiembla el cielo) pero bueno, como decía Goytisolo, "yo también estoy en el camino".