lunes, 14 de mayo de 2012

“LAS MADRES TERRIBLES”



Hay ramos “solidarios” para regalar el “Día de la Madre”, hay lemas como “Grandes te quiero en frascos pequeños”, o “Madre sólo hay una ¡díselo con flores!”, hay  cocineros radiofónicos que proclaman la bondad de las madres como dietistas, hay, en fin, una propaganda empalagosa y meliflua, difícil de resistir; aunque lo más molesto puede que sea la avalancha de mensajitos, vía email, sobre la intrínseca abnegación de las madres y lo estupendas que somos todas; incluso llega a la bandeja de entrada una retahíla de virtudes maternas, redactadas, supuestamente en verso, por una adalida, en forma de cadena, como las que mandábamos las niñas en pleno nacional-catolicismo,  para conseguir no sé qué bienes espirituales; aquellas se escribían a mano y se mandaban por correo normal, ahora éstas son laicas: “Por favor envía esto a cinco mujeres fenomenales. Si lo haces, algo bueno pasará: le subirá la moral a otra mujer... ”.
Hasta aquí el teatro -“La vida es puro teatro”- la realidad es que hay madres terribles: absorbentes, fagocitadoras, desnaturalizadas y otras no tan malas, las que no tienen vocación.
No sé en qué grado de la escala de maldad estaría la bisabuela Antonia. Cuando nació la primera de sus hijos, mi abuela, las vecinas acudieron a ver a la niña, como hacían siempre en el barrio de Caranza, y le llevaban a la parturienta los habituales presentes, chocolate recién hecho y espeso, un caldo de gallina o unos bizcochos. Pero en el caso de aquella niña recién nacida, se llenó la casa, y la entrada de las hortensias, de gente, porque la que hacía de comadrona había anunciado que la niña era la más bonita que había ayudado a traer al mundo. A los pocos días llegó el abuelo paterno y, para celebrar la belleza de la criatura, le comentó a su nuera: “É tan bonita a meniña, que si eu poidera ma levaba a miña casa”; la madre no se lo pensó dos veces y le dio al abuelo la niña para siempre, con estas palabras: “E, señor, se lle gusta, levellela”. Y el abuelo y su tercera mujer, que no era la abuela de la niña, la bautizaron y prohijaron.
Si es que existe en las hembras humanas el “instinto maternal”, y parece que lo corroboran afirmaciones como yo-por-Andreíta-mato, la bisabuela Antonia estaba desprovisto de él, no tenía el menor interés en ocuparse de los hijos ni del marido, ya que dos de sus tres hijos varones, apenas adolescentes, se embarcaron para América; y pudo desentenderse de su marido en cuanto su hija se casó y se ocupó de su padre. Dada el ansia de libertad de la bisabuela Antonia, cuando se quedó viuda, vivía sola y no aceptaba bien las constantes visitas de sus nietas, a las que su hija enviaba -ella sí, dotada de “instinto filial”- preocupada por la salud de su madre desnaturalizada. Cuando ya la bisabuela no podía valerse por sí misma, la hija se la llevó a su casa  y la cuidó durante varios años.  
Esta oscura historia de la familia la he contado en varias ocasiones a los amigos, inspirada quizá por  mi querido Mark Twain, destructor de tópicos en su autobiografía. Hace unos años conocí a un primo mío mejicano, al que le conté la historia de nuestra bisabuela común Antonia, se interesó mucho porque él no la conocía y su mujer, mejicana descendiente de alemanes, comentó: “No sé qué historia de familia es más dura la tuya o la mía: mi tío abuelo Günter fue juzgado en Nuremberg”.

martes, 1 de noviembre de 2011

¿LAS MUJERES QUE LEEN SON PELIGROSAS?

Criada leyendo, 1668/1670
Pieter Janssens Elinga (Alta Pinacoteca, Munich)

Hace 80 años, una mujer de La Rambla (Córdoba) se apuntó en una cuadrilla de recogedoras de aceituna y se convirtió enseguida en la compañera imprescindible para las otras mujeres, porque durante la comida, mientras todas se sentaban en el suelo para comer, alrededor de la "macetilla" con aceite, en donde mojaban trozos de pan pinchados en una navaja, ella siempre tenía un periódico o un libro que sacaba de su delantal y les leía a las demás. Pero le duró poco el trabajo, porque un día en el que el señorito se daba una vuelta por el olivar para inspeccionar el trabajo de las jornaleras, dio la orden al manijero de que al día siguiente no apareciera por su cortijo la mujer que leía. Tampoco los hombres vareadores que entretenían e informaban leyendo a los demás se libraban del despido. Pocos años más tarde, en 1936, fueron muchos hombres y mujeres los que cayeron fusilados en las afueras del pueblo por motivos parecidos a éste.
Hoy, ocho décadas después, en Granada, la única empleada de una sucursal de tintorería, además de atender al público con eficiencia y amabilidad, realiza múltiples tareas a lo largo del día: limpia el recinto -que tiene incluso una pared de espejo y ha de estar impoluta-, plancha toda la ropa que le llega de las máquinas de limpieza de la central y que tiene que entregar: desde trajes de caballero hasta de novia y de gitana. Ella estudió administrativa contable y le gusta repasar lo que aprendió y ahora, a sus 25 años, ha decidido ir preparándose una oposición, pero le está vedado leer en el trabajo,  aun en los momentos en los que no tiene nada qué hacer y no entra público, porque el jefe no se lo permite, sólo puede hojear revistas del corazón y no tiene ni una silla ni un taburete donde sentarse. En una ocasión en que el jefe le vio un libro y una carpeta debajo del mostrador, le dejó muy claro que no estaba allí para vaguear, y la amenazó con el  despido.
La peluquera de la esquina trabaja en una franquicia de peluquería, conoce bien su oficio, es educada, risueña y afable; le gusta mucho leer novelas como la saga “Crepúsculo” y las novelas románticas de la serie "Highlanders", de Janet Chapman, Sonia Marmen o Karen Marie Moning, pero no soporta las revistas rosas que tiene delante. Los días en los que apenas llegan clientes, ella está mano sobre mano, porque las leyes de los dueños de la cadena de peluquerías le prohíben leer un libro; en la primera ocasión en que el jefe la vio leyendo, le dijo que lo que debía leer eran las revistas de "cortes" (de pelo, se entiende) y, en castigo, la trasladó a una peluquería del área metropolitana, por lo que tiene que tomar dos o tres autobuses para llegar al trabajo.

lunes, 10 de octubre de 2011

“LA VOZ DORMIDA”

A los que se vieron obligados a guardar silencio es la frase-dedicatoria con la que se abre esta novela histórica de la escritora Dulce Chacón, que nació en Zafra (Badajoz) en 1954. Era poeta y novelista: publicó tres libros de poemas y varias novelas, anteriores ésta e, incluso, una obra de teatro. Por desgracia, su vida y su prolífica obra se vieron truncadas por su temprana muerte.
            La trama de su novela “La voz dormida” se desarrolla fundamentalmente en el Madrid de la inmediata posguerra, y, al paso del tiempo de la historia que se cuenta, van apareciendo otros lugares y avanzando el tiempo hasta los años 70. El escenario central de la obra se sitúa en la cárcel de mujeres de las Ventas de Madrid, donde están encarceladas cientos de republicanas. La protagonista es una de las presas, que se convierte en el eje alrededor del cual giran otros personajes-protagonistas y secundarios. Con el nombre de esta presa comienza la novela: La mujer que iba a morir se llamaba Hortensia. Tenía los ojos oscuros y no hablaba nunca en voz alta [...]
A través de ella, la escritora teje una novela basada siempre en hechos históricos, incluso incorpora documentos de esa índole, como sentencias e indultos; para ello, Dulce Chacón recurrió a personas que habían vivido la represión franquista, las cárceles, el destierro las penas de muerte; recogió los testimonios reales de personas que han ido muriendo en los últimos años o que viven todavía y todo ese material lo convirtió en una magnífica novela que atrae a cualquier lector desde la primera página.

 “La voz dormida” recupera además la grandeza y el protagonismo que tuvieron muchas mujeres, durante aquellos años decisivos de nuestra historia; mujeres valientes, con una dignidad asombrosa, que, desde la cárcel y en sus casas, dieron ejemplo de lo que fue la lucha por la libertad. Frente a humillaciones, torturas y muerte, ellas supieron mantener en alto las pacíficas armas de la solidaridad y el amor. Un conjunto de historias tristes y conmovedoras, pero esperanzadas, que nos descubren el horror y los sufrimientos que, para el bando que perdió la Guerra Civil, no terminaron en 1939, sino cuarenta años más tarde, con la muerte del dictador. Una historia que ha quedado silenciada sin remedio tanto tiempo y que se va descubriendo con escritores tan rigurosos como Dulce Chacón. 
El 21 del presente mes, se estrenará la película de Benito Zambrano basada en la novela y que se acaba de presentar en el Festival de Cine de San Sebastián. 
Cárcel de las Ventas, Madrid, 1939: presas republicanas obligadas a asistir a la procesión del Corpus.

viernes, 23 de septiembre de 2011

ALFILERES




La película “El Cairo 678”, del director egipcio Mohamed Diab, relata la historia, basada en hechos reales, de tres mujeres cairotas que, para defenderse del acoso sexual que sufrían en los autobuses de la línea del título, deciden tomarse la justicia por su mano, pinchando con un punzón en un delicado lugar, a los que se propasaban. Provocaron un gran escándalo en la ciudad, pero, apoyadas por la opinión pública, estas tres mujeres consiguieron sacar a la luz el problema, además de una ley que pudiera amparar en algo a las mujeres.

En las ciudades, vejaciones de este tipo contra las mujeres han sido universales. En los años 40-50, mis jóvenes tías y sus amigas, al salir del trabajo, iban al cine armadas con sendos alfileres de velo, (con el que era obligatorio cubrirse en la iglesia), para pinchar a los hombres que las acosaban y casi todos los días tenían que usarlos. Muchas mujeres mayores cuentan, y no paran, las humillaciones y afrentas que soportaban en la calle o en los medios de transporte, verbales y con persecución unas veces, con el aliento del ofensor en el cuello y otras más graves, que solo comentaban con las amigas, pero nunca con las personas mayores. Este problema oculto y silenciado deriva de la represión sexual de dictaduras como la franquista o la egipcia. Ya analizaba Wilhelm Reich cómo los regímenes dictatoriales reprimen en principio la sexualidad, que es como la puerta de la represión de todos los demás derechos y libertades.
La película “El Cairo 678” es digna de ver y ya ha ganado un premio en el Festival de Cine ce Taormina.

domingo, 11 de septiembre de 2011

“EL TIEMPO ENTRE COSTURAS”

En “El tiempo entre costuras” María Dueñas cuenta la historia de la hija de una costurera madrileña, Sira; escrita en primera persona, la novela comienza en los años treinta, cuando la protagonista contaba veintitantos años. La autora posee una variada documentación sobre la época de la posguerra española en el Protectorado de Marruecos, que utiliza para crear una novela histórica, en la que se entrecruzan los personajes de ficción con los reales. En 2010 se convirtió en la novela más vendida.
Durante el año y pico que ha pasado desde que la leí, he llevado a cabo un pequeño sondeo entre bastantes lectoras, recurriendo incluso al “facebook”,  -utilizo el femenino pues sólo conozco a mujeres que la han leído- y, menos a tres o cuatro, les gustó a  todas. Las partidarias alegan que es muy entretenida, que personajes históricos como Juan Luis Beigbeder o Serrano Súñer están muy bien descritos, que la protagonista, Sira, resulta una mujer valiente e interesante o que es la única novela histórica sobre el Protectorado español, aunque esto no es exacto  ya que en el año 1976 se publicó una novela “La vida perra de Juanita Narbona”, bastante olvidada hoy, escrita por Ángel Vázquez; una verdadera novela.
Pues bien, yo me encuentro entre las tres o cuatro que disentimos; he de añadir que he recibido la opinión de un hombre que me escribe un SMS diciéndome que “El tiempo entre costuras” no lo ha enganchado, que tiene incongruencias y que la ha terminado de leer por cabezonería. A mí, sin embargo, me enganchó al principio, pero perdí el interés en el cuarto o quinto capítulo; me dio la impresión de que, a partir de ahí, a la autora se le va de las manos la narración y desvaría (DRAE: desvariar: ‘desunir o desviar’), como si se hubiera cansado de escribir. Aunque pude encontrar momentos esporádicos de interés.
Ya que estamos entre costuras, se sabe que cualquier texto, para convertirlo en  literario hay que elaborarlo como un tapiz: que el fondo y la forma sean como la urdimbre y la trama de un telar; o, como afirmaba Flaubert: la forma es al fondo lo que el calor al fuego. Pero a lo largo de la novela que nos ocupa, la forma es inapropiada, cuando no incorrecta. Cito algunos ejemplos:
  • Frase sin sentido de la página 137: […] en cuanto noté que el sonido de las botas se desvanecía en la distancia, apreté el paso y saqué por fin el alivio a respirar […]
  • En la página 604: [...] al alcanzar consciencia de mi envergadura [...] Y en la 605: [...] (ellos) me habían hecho crecer en apenas unos días. O tal vez llevaba tiempo creciendo despacio y hasta entonces no había sido consciente de mi nueva estatura [] La autora abusa de la misma metáfora en dos frases que chirrían por lo ajenas al lenguaje literario.
  • En la página 630 describe la autora una posible boda de su madre con un viudo: [...] lograría convencerla para acabar casándose una mañana de junio en una ceremonia madura y diminuta delante de todos sus hijos [...] La acumulación de verbos del principio de la frase es innecesaria y los adjetivos con que describe la ceremonia, imposibles. 

Se encuentran además en el texto numerosas palabras, cuyos significados no son correctos. He aquí algunas muestras:
  • Página 310: [...] dijo volviéndose a mí con gesto contuso”... 
  • En la 537: [...] ellas luciendo altivas el lujo de sus joyeros”, (por: “conjunto de joyas”). 
  • En la 592 utiliza la palabra cuestionar en lugar de “preguntar”.  
Por otra parte, algún crítico ha señalado que se trata de una novela con final abierto, pero no es tal, ya que la autora propone una serie caótica de finales posibles, cuando en realidad el final abierto es aquel en que el autor decide que el propio lector elija la explicación que más le satisfaga para construir el verdadero desenlace; así, quien lee se convierte en lector activo, porque completa la historia con las claves que el autor va dejando en la composición. Un ejemplo de novela con final abierto es la genial obra de Henry James “Otra vuelta de tuerca”. 
En resumidas cuentas, no por vender miles de ejemplares una novela se convierte en buena. Como afirma el crítico Rodríguez Rivero, Dueñas ha hecho carrera al margen (pero cerca) de la literatura. Y, no por ser mujer, una se convierte en gran novelista. Me quedo con la opinión de Ana María Matute, que, a la pregunta sobre si existe una literatura de mujer, responde: Existe la Literatura, la buena y la mala, y me da lo mismo que esté escrito por el hombre que por la mujer. 
Con lo escrito, no he seguido el consejo de W.H. Auden que dice: Reseñar libros malos no es sólo una pérdida de tiempo, sino también un peligro para el carácter. Espero que no me afecte a éste.  




domingo, 4 de septiembre de 2011

MI UNICORNIO AZUL

 (Post scriptum a la entrada del 1 de septiembre de 2011)
El unicornio vive alejado de los humanos, vagando por los bosques; buscado siempre, el animal fabuloso se escabulle, mientras no encuentre el regazo acogedor de una doncella, entonces se echa mansamente sobre su falda y, en ese momento, se lo puede apresar.
El unicornio puebla los cuentos y las leyendas y sirve como recurso poético- simbólico a escritores y poetas; lo hemos visto en “Paraíso inhabitado” y es la figura que utiliza Silvio Rodríguez para componer la canción “Mi unicornio azul”, que forma parte del grupo de canciones inolvidables en lengua castellana:
Mi unicornio azul
ayer se me perdió,
pastando lo dejé
Esta bella y extraña canción es una alegoría que parte de la metáfora: “lápiz azul” = “unicornio azul”. Porque, según me informa una amiga cubana, los lápices de colores más famosos de Cuba son de la marca “El Unicornio” -como en España los “Alpino”-.
(La red está que arde con la búsqueda del unicornio -algunos ya lo han fotografiado- y la interpretación de la metáfora del cantor cubano).



jueves, 1 de septiembre de 2011

LA DAMA DEL UNICORNIO

LA DAMA Y EL UNICORNIO
Museo de Cluny

En la tradición de las novelas iniciáticas, que comienza en nuestra literatura con el Lazarillo, se encuentra la novela “Paraíso inhabitado”, de Ana Mª Matute, cuya historia es el camino de la vida que emprende una niña -Nací cuando mis padres ya no se querían- y finaliza en el momento en el cual los lazos de la niñez se van deshaciendo y la niña se convierte en  adolescente. Contada en primera persona, el punto de vista de la novela es el de Adriana, la protagonista, una niña rara que apenas habla, pero le gusta escuchar, escondida en la cocina o la despensa, en la parte de la casa con suelo sin encerar, a la  que ella llama el mundo de los Gnomos; en él están las personas que más la quieren y la cuidan, sobre todo la cocinera Isabel y la tata María; allí transcurre la mayor parte de su vida, por lo que su aprendizaje tendrá lugar entre estas mujeres humildes y un niño vecino, su amigo del alma, Gavi.
El otro mundo contrario es el de los Gigantes, que habitan los mayores: un padre, prácticamente ausente, una madre fría, dada al melodrama, y los hermanos. Es el ala lujosa del piso, a la que Adriana no accederá hasta que se convierta en Gigante. Ella sólo se adentra en el gran salón vedado cuando todos duermen y donde, de vez en cuando, ve escaparse de un tapiz al unicornio. Que será el símbolo del mundo en el que la niña se ampara, el de la fantasía: Tata María, y la cocinera Isabel, me habían leído, la primera, y contado, la segunda, muchos cuentos. La cocinera no sabía leer, pero cultivaba el arte de contar, tradición ancestral de las mujeres, dueñas de la oralidad,  transmisoras de cantos y cuentos; incluso ellas han sido las creadoras de las primitivas canciones en diversas lenguas y culturas.
La iniciación en los cuentos, la madre distante, así como el rechazo de la mentalidad conservadora de la familia y de su hipocresía, que se aprecian en Adriana, tienen un trasfondo autobiográfico que la autora ha confesado en alguna entrevista.Otros aspectos de la visión del mundo de Ana María Matute se muestran en la novela a través de personajes transgresores, con los que simpatiza: un vecino homosexual, con su carga de dolor en el mundo convulso de los años treinta, ya que la historia de la novela abarca parte de la II República y la Guerra Civil, la tía Eduarda, mujer moderna que conducía un coche y tenía una piel dorada donde resplandecían sus grandes ojos azules de Unicornio, que transmite a la niña la libertad y la euforia por primera vez. Aunque la  escritora da pinceladas de fantasía, la novela está anclada en una realidad que conoce y, a través de la narradora, se solidariza con aquellas personas que entraban por la puerta de servicio y pone de manifiesto algo que ella misma declara: la injusticia ha sido siempre algo que me ha sublevado mucho.

De “Paraíso inhabitado” se disfruta la historia, pero también “el discurso”, como dirían los narratólogos. Nosotros, simples lectores, diremos que las palabras de esta novela y la forma de narrar nos proporcionan también el gozo de la lectura, porque Ana María Matute es “La Dama de la Escritura”. 

jueves, 4 de agosto de 2011

HACE MIL AÑOS

Wallada bint al-Mustakfi fue una de las más famosas poetas andalusíes, por la extensión y calidad de su obra, por su carácter y porque fue amante del más famoso poeta de Al-Ándalus, Ibn Zaydun. Nació en Córdoba en 994 y murió en 1091, vivió nada menos que 97 años. Era hija del califa al-Mustakfi. Aunque su nombre significa ‘la Paridora’, no tuvo hijos ni se casó nunca. Se convirtió en una mecenas que recibía en su casa a lo más exquisito de la ciudad, intelectuales y poetas. Tertulias como la de ella se prodigaban en Al-Ándalus y guardan semejanzas con los ‘simposia’ griegos. 
Instruyó además a mujeres en el arte de la poesía, una de sus discípulas, Muya bint al-Tayyaní, hija de un vendedor ambulante de higos, llegó a ser una gran poeta, la única,  de entre las andalusíes, de familia modesta. Sobre el umbral de su casa mandó grabar la leyenda: “Esta es la casa del amante de la poesía, que Alá sea con él”. En el mercado de esclavos varones elegía a efebos muy bellos para que escanciaran las bebidas en su casa y encendieran las velas y el incienso y contrató a tres eunucos que protegían su casa y seleccionaban a los que llegaban a ella. 
Los historiadores de la época quedaron impresionados por la libertad y el desparpajo de que disfrutaba Wallada, por lo que fue alabada por unos y censurada por otros. Era además una mujer muy bella, unos historiadores dicen que era rubia con los ojos verdes -¿como las huríes del Profeta o las mujeres del Rif?- e iba vestida de acuerdo con las pautas de Bagdad,  que era entonces el centro de la moda, lo que hoy es París o Nueva York. Cuentan las crónicas que solía vestir una capa en cuyas hombreras llevaba unos versos suyos bordados en colores, oro y plata; o bien pudiera ser que, sin capa, luciera los versos tatuados en la piel de los hombros, siguiendo la moda de otras nobles elegantes. Con un hombro se mostraba orgullosa y distante:
Juro por Dios que soy digna de las alturas,
voy por mi camino con la cabeza muy alta.
Y si mostraba el otro hombro invitaba a ser besada:
Permito a mi amante que toque mis mejillas
y acepto los besos de quien desee darlos.
            El poeta Ibn Zaydun se enamoró de ella y fue correspondido; vivieron un amor apasionado e intenso hasta el día en que Wallada se enteró de que su amante la engañaba con una esclava negra de su servicio; la poeta se encoleriza y lo abandona. Por problemas políticos, Ibn Zaydun se ve obligado a abandonar su amada ciudad, se refugia primero en Medina Azahara, para poder merodear por el palacio de Wallada, intentando su perdón, pero ella se muestra firme y el enamorado se exilia en Sevilla. A Wallada le dedica sus mejores poemas y, al perderla, compone uno de los más hermosos poemas de amor de la literatura árabe universal, imitado y cantado por los jóvenes árabes hasta nuestros días: la “Casida en nun”, letra con la que comienza el poema. En ella Ibn Zaydun, uniendo su dolor por la ausencia de Wallada al de su exilio, se pinta como un desterrado, lo que generará una leyenda, entre erudita y popular, según la cual quien aprenda de memoria la casida morirá en el destierro.
Monumento a Wallada e Ibn Zaydun (Córdoba)
Wallada, como otras poetas andalusíes, componía poesía con una gran técnica, pero no como un cliché de la de los poetas varones, se trata de una poesía en la que se aprecian los sentimientos, sobre todo los amorosos: la ausencia del amado, el deseo de su presencia o la descripción de su belleza. Poemas que traslucen experiencias reales, lo que hace que en la poesía de estas mujeres se aprecie lo que hoy se llamaría “el punto de vista de género”. Wallada dedicó a su amado poemas amorosos, el siguiente trata del encuentro nocturno de los amantes:
Cuando caiga la tarde, espera mi visita,
pues veo que la noche es quien mejor encubre los secretos;
siento un amor por ti que si los astros lo sintiesen,
no brillaría el sol,
ni la luna saldría, y las estrellas
no emprenderían su viaje nocturno.
En éste, expresa la poeta omeya el dolor por la ausencia de Ibn Zaydun y termina con dos bellísimos versos en los que desea lo mejor para su amado:
¡Qué pronto me ha traído mi destino
lo que temía! Mas las noches pasan
y la separación no se termina,
ni la paciencia me libera
de los grilletes de la añoranza.
¡Que Dios riegue la tierra que sea tu morada
con lluvias abundantes y copiosas!
                   
Las mujeres de la época cultivaron también, como los poetas, la poesía muyun (obscena). En contraste con los anteriores poemas, incluyo -¡con perdón!-, “El hexágono”, en el cual Wallada  insulta a Ibn Zaydun por su infidelidad; este tipo de poesía le valió, como es lógico, severas críticas de sus contemporáneos:
Tu apodo es el hexágono, un epíteto
que no se apartará de ti
ni siquiera después de que te deje la vida:
pederasta, puto, adúltero,
cabrón, cornudo y ladrón.
Los poemas transcritos representan una muestra de lo que fue la poesía de mujeres lejanas en el tiempo, alrededor de mil años, pero cercanas en la expresión libre de los sentimientos, a través del código elaborado y rico de la poesía. A Wallada y al resto de poetas andalusíes les tocó vivir un tiempo de esplendor cultural como pocos en la historia, y tuvieron el privilegio de aprender a leer y a escribir, cosa a la que muy pocas mujeres de su época y de otras posteriores pudieron dedicarse.

viernes, 29 de julio de 2011

VIAJERAS

Jarra de Sargadelos
            Al oír hoy en la radio que el 70% de los viajeros son mujeres -creo que se referían a España-, me acordé de un texto escrito en latín vulgar que traducíamos en la Facultad, cuya autora era la monja Etheria, “a monxa Etheria”, una valiente mujer nacida en Galicia en el siglo IV, que decidió emprender un viaje a Tierra Santa, siguiendo las calzadas que cruzaban las legiones romanas. Parece que llegó a Constantinopla en el año 381, de allí a Jerusalén e incluso hizo una excursión a Egipto. Y nos ha legado el relato de su viaje, que dedica a sus hermanas de claustro, a las que llama “dominae, venerabiles sorores,” o “domnae, lumen meum” -‘señoras, venerables hermanas’, ‘señoras, mi luz’-.(La fábrica de porcelana de Sargadelos ha plasmado la supuesta cara de a monxa Etheria en una de sus jarras de colección).
Las viajeras de hoy lo tienen más fácil y, por lo que comentaba la señora responsable de viajes organizados para mujeres, se trata de aventuras la mar de pijas: van a la India a recibir cursos de meditación y otras disciplinas por el estilo; a Birmania a “convivir con mujeres birmanas” y recibir masajes super-guays. Y es que lo que más demandan las señoras son los destinos a los continentes africano y asiático.
De todas formas, causa satisfacción comprobar que, después del largo encierro de siglos, las mujeres han tomado las calles, los bares, las autopistas y aun los continentes lejanos. Queda ya muy lejana la queja que Rosalía de Castro expresa en una carta a su marido: Si yo fuese hombre, saldría en este momento y me dirigiría a un monte, pues el día está soberbio; tengo sin embargo que resignarme a permanecer encerrada en mi gran salón. “Sea”. Adiós.
Aunque, cuando se investiga la historia de las mujeres no se puede generalizar, y hay que tener en cuenta que las mujeres ricas o aristócratas no han sufrido el  confinamiento como las demás: tal es el caso de la poeta andalusí Wallada (Córdoba 994-1091), que salía libremente por la ciudad con unos espectaculares modelos importados de Bagdad, centro de la moda en la época. Pero la historia de esta admirable mujer merece capítulo aparte.

martes, 14 de junio de 2011

ECLIPSE TOTAL DE SOL

Cuenta Augusto Monterroso, en un microrelato titulado “El eclipse”, la peripecia de un fraile que, perdido en la selva de Guatemala y resignado a morir, se queda dormido; cuando despierta, está rodeado de indígenas que preparan un altar para su sacrificio. Dado  su conocimiento de Aristóteles y de algunas lenguas de la zona, les explica cómo ese día se producirá un eclipse total de sol. Los nativos hablan entre ellos, pero lo sacrifican; y, mientras la sangre chorrea por el ara, una voz va recitando las fechas de todos los eclipses de sol y luna que ya figuraban en los códices mayas, “sin la valiosa ayuda de Aristóteles” -termina Monterroso-.
El pobre fraile confiaba en la superioridad de su cultura frente a la ignorancia de aquellos “salvajes”. Han pasado cinco siglos, pero sigue habiendo españoles con el sentimiento de supremacía frente a  los extranjeros, para los que no sólo son ignorantes, sino delincuentes, y por ello han elegido como alcalde de Badalona al xenófobo Xavier García Albiol, el cual sostiene que los gitanos rumanos son “una plaga”, que “hay que cortarles las alas a los que no se adaptan” y otras lindezas. Y, como lleva años preparándose para ser alcalde de su ciudad -donde no había problemas de convivencia-, ya hace tiempo que sembró la discordia, repartiendo panfletos contra los rumanos. Y está tan ufano, que se lo ve en una foto de la toma de posesión besando la vara de mando, ridículamente.